Se podría decir que se han escrito miles de paginas en relación al tiempo...
Se podría decir que se han escrito miles de paginas en relación al tiempo, libros poesias cartas... El tiempo es la palabra más socorrida para hablar cuando a veces no se tiene nada que decir.: ¡Que buen tiempo hace.! ¡Hoy parece que hace mal tiempo...! Siempre estamos detrás del tiempo. Queremos ganar tiempo . No podemos perder tiempo...
Tenemos montones de instrumentos para medir el tiempo.: relojes de arena, de agujas, digitales, cronómetros... entre otros.
Mucha gente dice que no tiene tiempo para hacer cosas, o que les falta el tiempo... A veces piden que se les de un poquito más de tiempo, pero... yo me pregunto : ¿ Qué es el tiempo? ¿de verdad existe el tiempo? ¿No será una ilusión colectiva? Porque yo creo que de lo que se puede hablar es en definitiva del presente, que es lo único que existe, ya que el pasado...ya se fue... y el futuro todavía no ha llegado, y el presente es tan efímero, que si no somos conscientes desaparece enseguida quedándose en el pasado...
Y entonces podría ser que lo que llamamos tiempo tal vez sólo sea la ilusión de creer que tenemos un futuro que llegará.
Es curioso pero a pesar de estas divagaciones yo me autoengaño y sigo pensando en el tiempo. Me aferro a creer que tengo un futuro y hago planes de futuro, y me ilusiono, y también utilizo el tiempo pensando en el pasado, y rebuscando en mis recuerdos, a veces para sonreír y relajar el alma, a veces para encontrar respuestas a preguntas del presente, y a veces sólo por el placer de viajar al pasado o al futuro, aun a sabiendas de que no existen, y no me importa utilizar esas minifracciones de presente en esos viajes porque consigo sumar unas fracciones de felicidad que acompañan a esas fracciones de presente, y me gusta autoengañarme diciendo que he pasado un muy buen tiempo y que espero pasar mucho y muy buen tiempo en el futuro...
Y que además lo disfrutaré y no lo perderé tontamente y además me gusta autoengañarme y desearle a mis amigos buen tiempo porque a pesar de que el tiempo no existe, la ilusión del tiempo es lo que nos acompaña y lo que posiblemente nos alimente la esperanza, que es la energía de la que se alimenta el alma.
Esperanza.
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lunes, 7 de junio de 2010
martes, 1 de junio de 2010
Concurso de relatos 2010
Tiempo de dolor, (homenaje a mis abuelos)
Año 1917. Una modesta estación de ferrocarril. Un grito de horror. Un hombre joven yace en la vía, empotrado entre las ruedas del tren y el andén.
Horas después, ese mismo hombre lucha al borde de la muerte, con sus piernas y el brazo derecho bárbaramente amputados por unas ruedas asesinas, mientras una joven muchacha embarazada de seis meses, llora desesperadamente la tragedia. Él había ido a la estación a buscar a su madre que volvía de la capital y en su afán por verla no había esperado a que el tren se detuviera totalmente y saltado sobre el estribo, había resbalado y caído, justo cerca de una rueda que avanzaba lentamente. Quiso apartar sus piernas con el brazo derecho, pero la rueda siguió su marcha implacable.
Meses después, el hombre sigue hospitalizado, mientras la mujer busca la forma de ganar algún dinero para cubrir los gastos de un marido en el hospital y dos hijas pequeñas, una recién nacida, mi madre. Consigue ayuda de un almacén que le presta un saco de alpargatas para que las venda por el pueblo y luego se las pague. Después consigue más cosas y las sigue vendiendo en el pueblo. Y así, poco a poco, va montando una pequeña tienda en su modesta casa, donde vende de todo, sin descuidar las visitas al marido y la crianza de sus hijas.
Y pasa más tiempo y el marido vuelve a casa. Los muñones de sus piernas son tan cortos, que no admiten ningún tipo de prótesis y así tiene que improvisar dos patas de palo como si fuera un pirata y dos muletas. Pero es un luchador y no se resigna a no hacer nada. Con un carro, al que se sube como puede y una jaca, va al almacén del pueblo cercano por donde pasa el ferrocarril y carga género para la tienda. Pero todavía se atreve a más; cargando el carro ayudado por un hermano se va días enteros por los caseríos y pueblos cercanos a vender y cambiar. Una caja de jabón por un cordero.
Lee a sus madres las cartas de los hijos que están en la mili. Les lleva alfileres o sellos y muchas veces no se los cobra. Es generoso. Ayuda a la gente. Les vende género a crédito. Pagarán cuando llegue la cosecha del vino o del aceite o del trigo. Y finalmente tiene un extraordinario sentido del humor. Además, tuvo que aprender a escribir con la mano izquierda, superando la terrible tragedia que había sufrido y contando con la ayuda inestimable de su mujer, que se convirtió en esposa, amante y enfermera, sin dejar de atender a sus hijas y a la tienda. En resumen eran un prodigio extraordinario de valor, esfuerzo, lucha y tenacidad.
Con cinco o seis años yo acompañé muchos días a mi abuelo, saliendo a las cinco de la mañana por aquellas malas carreteras y volviendo cansados y agotados a las diez de la noche. Fue mi maestro junto con mi abuela, en todos los aspectos fundamentales de la vida y por eso les quiero rendir este modesto homenaje, porque gracias a ellos me formé como un hombre.
José Luis
Año 1917. Una modesta estación de ferrocarril. Un grito de horror. Un hombre joven yace en la vía, empotrado entre las ruedas del tren y el andén.
Horas después, ese mismo hombre lucha al borde de la muerte, con sus piernas y el brazo derecho bárbaramente amputados por unas ruedas asesinas, mientras una joven muchacha embarazada de seis meses, llora desesperadamente la tragedia. Él había ido a la estación a buscar a su madre que volvía de la capital y en su afán por verla no había esperado a que el tren se detuviera totalmente y saltado sobre el estribo, había resbalado y caído, justo cerca de una rueda que avanzaba lentamente. Quiso apartar sus piernas con el brazo derecho, pero la rueda siguió su marcha implacable.
Meses después, el hombre sigue hospitalizado, mientras la mujer busca la forma de ganar algún dinero para cubrir los gastos de un marido en el hospital y dos hijas pequeñas, una recién nacida, mi madre. Consigue ayuda de un almacén que le presta un saco de alpargatas para que las venda por el pueblo y luego se las pague. Después consigue más cosas y las sigue vendiendo en el pueblo. Y así, poco a poco, va montando una pequeña tienda en su modesta casa, donde vende de todo, sin descuidar las visitas al marido y la crianza de sus hijas.
Y pasa más tiempo y el marido vuelve a casa. Los muñones de sus piernas son tan cortos, que no admiten ningún tipo de prótesis y así tiene que improvisar dos patas de palo como si fuera un pirata y dos muletas. Pero es un luchador y no se resigna a no hacer nada. Con un carro, al que se sube como puede y una jaca, va al almacén del pueblo cercano por donde pasa el ferrocarril y carga género para la tienda. Pero todavía se atreve a más; cargando el carro ayudado por un hermano se va días enteros por los caseríos y pueblos cercanos a vender y cambiar. Una caja de jabón por un cordero.
Lee a sus madres las cartas de los hijos que están en la mili. Les lleva alfileres o sellos y muchas veces no se los cobra. Es generoso. Ayuda a la gente. Les vende género a crédito. Pagarán cuando llegue la cosecha del vino o del aceite o del trigo. Y finalmente tiene un extraordinario sentido del humor. Además, tuvo que aprender a escribir con la mano izquierda, superando la terrible tragedia que había sufrido y contando con la ayuda inestimable de su mujer, que se convirtió en esposa, amante y enfermera, sin dejar de atender a sus hijas y a la tienda. En resumen eran un prodigio extraordinario de valor, esfuerzo, lucha y tenacidad.
Con cinco o seis años yo acompañé muchos días a mi abuelo, saliendo a las cinco de la mañana por aquellas malas carreteras y volviendo cansados y agotados a las diez de la noche. Fue mi maestro junto con mi abuela, en todos los aspectos fundamentales de la vida y por eso les quiero rendir este modesto homenaje, porque gracias a ellos me formé como un hombre.
José Luis
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Concurso de Relatos
viernes, 30 de abril de 2010
Concurso de relatos 2010
BARRÍA
cada mañana la casa y el pedazo de calle. Un día, se amontonó la pelusa nueva sobre la vieja. Y, en adelante,
fueron olvidadas bajo el peso continuo de los resplandores grises de las recién llegadas.
Se sentó en la mecedora frente al balcón abierto... un cimbreo imperturbable...por él desfilarían lentos días y noches de silencio. Su mente vaciándose con el viento penetrado en el cuarto.
Un amanecer, se levantó natural y dejó tras de sí la puerta de la casa abierta. Su figura se desvaneció en un horizonte curvado.
La mecedora continuó asintiendo luna o sol, hasta detenerse sobre dos puntos de la superficie. La pelusa lo cubrió todo a hilvanes de viento.
Surgió el sol por un horizonte, y desapareció la casa definitivamente.
Araceli
cada mañana la casa y el pedazo de calle. Un día, se amontonó la pelusa nueva sobre la vieja. Y, en adelante,
fueron olvidadas bajo el peso continuo de los resplandores grises de las recién llegadas.
Se sentó en la mecedora frente al balcón abierto... un cimbreo imperturbable...por él desfilarían lentos días y noches de silencio. Su mente vaciándose con el viento penetrado en el cuarto.
Un amanecer, se levantó natural y dejó tras de sí la puerta de la casa abierta. Su figura se desvaneció en un horizonte curvado.
La mecedora continuó asintiendo luna o sol, hasta detenerse sobre dos puntos de la superficie. La pelusa lo cubrió todo a hilvanes de viento.
Surgió el sol por un horizonte, y desapareció la casa definitivamente.
Araceli
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Concurso de Relatos
viernes, 16 de abril de 2010
Concurso de relatos 2010
ES TIEMPO DE MORIR
(Frases cotidianas y otras que no lo son tanto, casi lapidarias)
Te regalo mi tiempo. Te doy mi tiempo. No es verdad, tan sólo el que no necesito, el que me sobra. Quiero que se pierda.
-¿Quedamos?
-No tengo tiempo, voy a ... También podría ir mañana o nunca.
-¿Tienes un minuto?
- No, ya lo siento. Llego tarde. ¿Dónde? Mañana te llamo, más mentiras. No tengo su número.
-¿Vienes?
- Estoy ahí en diez minutos. Nunca llegaré a tiempo.
Sueños repletos de ansiedad. Tardo seis horas en hacer la maleta. El tren de la vida no me ha esperado.
Este fin de semana me han robado una hora. Ya no la recuperaré. Ahora no quiero ahorrar. Deseo despilfarros.
En octubre, cuando gentilmente me la devuelvan, ya no viviré.
Cuando las 2 sean las 3 de este marzo ventoso, mis sueños serán más cortos. Perderé la sensación de tus manos en mis caderas.
Una hora menos de soledad y de desamor. Menos lágrimas, menos cigarrillos, menos tiempo.
Cuando los relojes se detengan y las almas vaguen, entonces y sólo entonces, será tiempo de morir.
Teresa
(Frases cotidianas y otras que no lo son tanto, casi lapidarias)
Te regalo mi tiempo. Te doy mi tiempo. No es verdad, tan sólo el que no necesito, el que me sobra. Quiero que se pierda.
-¿Quedamos?
-No tengo tiempo, voy a ... También podría ir mañana o nunca.
-¿Tienes un minuto?
- No, ya lo siento. Llego tarde. ¿Dónde? Mañana te llamo, más mentiras. No tengo su número.
-¿Vienes?
- Estoy ahí en diez minutos. Nunca llegaré a tiempo.
Sueños repletos de ansiedad. Tardo seis horas en hacer la maleta. El tren de la vida no me ha esperado.
Este fin de semana me han robado una hora. Ya no la recuperaré. Ahora no quiero ahorrar. Deseo despilfarros.
En octubre, cuando gentilmente me la devuelvan, ya no viviré.
Cuando las 2 sean las 3 de este marzo ventoso, mis sueños serán más cortos. Perderé la sensación de tus manos en mis caderas.
Una hora menos de soledad y de desamor. Menos lágrimas, menos cigarrillos, menos tiempo.
Cuando los relojes se detengan y las almas vaguen, entonces y sólo entonces, será tiempo de morir.
Teresa
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